Muchas veces, la suerte o el destino tienen previsto una historia que poco tiene que ver con lo que uno imagina. A veces, nos sorprende para bien, otras para mal. Como es el caso de Christopher Arthur Amon, nacido en Bulls, Nueva Zelanda, quien cuando en 1963 debutó en Formula 1, con apenas 20 años (muy pronta edad para lo que se acostumbraba en la época), se le auguraba un futuro asegurado de campeón. Sin embargo, el piloto, no consiguió ganar ni 1 de las 96 carreras en las que participó en Formula 1. Fue tres veces segundo, ocho tercero, pero NUNCA logró un primer puesto.

De eso hablaba cuando mencionaba a la suerte. Circunstancia a la que el piloto, nacido el 20 de julio de 1943, le adjudicó mucha responsabilidad en su desdichada carrera deportiva. Aunque siempre sostuvo que, en cierto modo, también ha sido un afortunado.
Seguramente, a la hora de repasar su carrera, encontraremos hechos más desdichados que otros. Como es el caso del GP de Francia, el 2 de julio de 1972.
Esa competencia contaba con todas las condiciones para que, finalmente, el Neocelandés se hiciera de su primera victoria. Había dominado, ampliamente, las pruebas de clasificación y desde comienzo de la carrera había logrado una distancia casi inalcanzable, incluso para los animadores de la temporada: Emerson Fittipaldi y Jackie Stewart arriba de sus Lotus. Las vueltas pasaban y la ventaja se mantenía, las vueltas pasaban y el sueño de la primera victoria se acercaba cada vez más. Sin embargo, la suerte, esa misma a la que nos venimos refiriendo desde el principio de la nota, volvió a hacerse presente en la vida de Amon, otra vez en forma de “mala” suerte.
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