VolksWagen: El automóvil del pueblo
“Volks-Wagen” significa en alemán “el auto de la gente” o “el auto de los amigos”. Su silueta se ha convertido con el paso de los años en uno de los íconos culturales más famosos de la era moderna. Ha sido utilizado en el cine, en pinturas, en reuniones sesenteras por artistas hippies y hoy constituye una pieza de museo de valor incalculable para los coleccionistas y amantes de lo vintage (término del inglés que significa “añejo”, utilizado en español para denominar todas aquellas cosas que han recuperado valor con la onda retro que impera en nuestros tiempos actuales).
El clásico modelo de la fábrica alemana además, ostenta el record en cuanto a años de producción manteniendo sus características básicas (65 años) y es el cuarto automóvil más influyente del siglo 20, superado únicamente por el Modelo T de Ford, el Mini y el Citroën DS. Pero lo que muchos no recuerdan es que su origen está directamente a uno de los personajes más siniestros – sino el más siniestro – de la historia de la humanidad: Adolfo Hitler.
A pesar que nunca aprendió a manejar, Hitler tenía enorme interés en los autos. En 1933, poco después de iniciar su oscuro camino como líder de Alemania, le pidió a Ferdinand Porsche (ingeniero austriaco fundador de Porsche, compañía que mantuvo una estrecha relación con VW) que hiciera algunos cambios a su modelo de 1931 con la finalidad de hacerlo más accesible para el hombre común. Él, junto al diseñador Edwin Komenda, trabajaron las formas del Beetle tal y como se conoce actualmente.
El auto, con capacidad para dos adultos y tres niños a una velocidad máxima de 100 km/h empezó a comercializarse rápidamente entre los ciudadanos bajo el manto protector del Tercer Reich, con precios accesibles. El advenimiento de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo funestas consecuencias económicas y comerciales para Alemania y las cosas comenzaron a cambiar para el automóvil. Nacido para suplir necesidades locales, el Beetle (nombre que le fue dado por sus usuarios casi desde su aparición, aunque no se hizo oficial sino a partir de los 60s) se alistaba para dar el gran salto a la comunidad mundial.

El modelo de 1938 – imagen obtenida de la Web oficial de Volkswagen.
Luego de la ocupación de Alemania por parte de los aliados, la compañía cambió de dirección, gracias al trabajo de Ivan Hirst, mayor del ejército británico que se hizo cargo de la empresa a partir de 1945. La paralización experimentada en la vida industrial de la nueva Alemania tras el horror de la guerra no daba mucho que pensar acerca de un futuro para Volkswagen. Pero bajo la protección de Hirst, que en principio impulsó la producción exclusiva de vehículos para el ejército inglés (llegaron a hacer un pedido de 20,000 unidades), la fábrica superó todas sus dificultades y prácticamente, renació. Y con ella, el Beetle, que hasta entonces sólo se había fabricado en cantidades mínimas, para uso de la élite Nazi.
En los dos primeros años de la administración inglesa, la Volkswagen produjo alrededor de 1,000 Beetles por año y eso sólo era el principio. Una vez reflotados los aspectos económicos, Hirst nombró como director de la compañía a Heinz Nordhoff, quien continuó la senda trazada por el inglés hasta convertir al Beetle en uno de los símbolos más reconocibles de la regeneración alemana.
Las dos siguientes décadas estuvieron marcadas por el boom comercial del Beetle, que en esa época sufrió algunas modificaciones en su estructura básica (las ventanas, el sistema de frenos) y mejoras en su performance (podía alcanzar los 115 km/h y tenía 34 caballos de fuerza en el motor). Sin embargo, las diferencias existentes entre el público consumidor europeo y el norteamericano provocaban reacciones opuestas. Mientras en Europa el Beetle era cada vez más admirado por sus características económicas y su fácil manejo, en los EE.UU. no había tanto entusiasmo por el modelo. Cuentan que en una ocasión, Henry Ford II se refirió al Beetle como “una cajita”.

Escarabajo de los años 60 - imagen obtenida de la Web oficial de Volkswagen.
Ya para la década de los 70s, el Beetle de Volkswagen era el diseño de automóvil más vendido del mundo – y lo sigue siendo – superando al Modelo T de la Ford. Actualmente existe un debate acerca de este record, pues hay quienes afirman que el diseño más vendido de la historia de la industria automotriz es el Toyota Corolla. Lo que este argumento no toma en cuenta es que la cantidad de variaciones que ha sufrido el modelo japonés son tantas que prácticamente ha pasado a ser varios modelos bajo el mismo nombre, mientras que el Beetle conservó sus características básicas durante prácticamente toda su existencia. A mediados de esta década apareció el Super Beetle o New Beetle, quizás la única variación considerable a partir del modelo original, que tuvo una evolución aparte como modelo de la Volkswagen.

New Beetle en sus dos versiones – imagen obtenida de la Web oficial de Volkswagen.
La fuerte competencia que el éxito del Beetle originó (compañías como American Motors, Ford y Chevrolet lanzaron modelos con configuraciones similares) hicieron trastabillar el nivel de ventas del diseño “escarabajo”. Ante esta situación la Volkswagen trató de renovarse lanzando otras líneas de automóviles pero nada parecía funcionar. No fue sino hasta la aparición del Volkswagen Golf (conocido como Rabbitt en varios países del mundo) que la fábrica alemana consiguió encontrar al reemplazante perfecto para el Beetle.
El famoso escarabajo, sin embargo, no dejó de producirse durante las dos siguientes décadas (80s y 90s) puesto que su diseño redondeado se había convertido ya en un símbolo popular. Las plantas alemanas produjeron Beetles de manera oficial hasta 1978 pero otros países como Mexico y Brazil continuaron brindándole al mundo el famoso diseño, que hasta hoy cuenta con una inmensa legión de seguidores.
El último Beetle fue ensamblado en la ciudad de Puebla, Mexico, a mediados del 2003. En total fueron 21 millones 529 mil 464 automóviles construidos entre 1938 y 2003. Para su despedida el auto recibió una serenata mariachi y un enorme cartel publicitario decía: “Es increíble que un auto tan pequeño deje un vacío tan grande”. En 1998, 20 años después del último Beetle producido en los EE.UU. Volkswagen lanzó The New Beetle. Pero esa ya es otra historia.
Créditos:
Todas las imágenes han sido obtenidas de la Web oficial de Volkswagen, se incluyen aquí para fines promocionales e ilustrativos.

Creado para el Pueblo y sigue siendo del pueblo, lamentablemente desaparecio del mercado, creo que deverian seguir fabricando el clásico Beetle, los verdaderos conocedores no dudarian en comprar
El New Beetle no es el sucesor del escarabajo, ya que es un auto muy caro y no conserva el espiritu de lucha del clasico
este (si regresara) deberia solo tener algunas mejoras que sean posibles adaptar a los anteriores
Hola compañero,
cierto es que el New Beetle ha tomado una concepción muy diferente a la de su predecesor, el Escarabajo, pero no podemos negar que es una evolución de aquel modelo. Eso sí, si bien antes se concebía como un clásico por su estética y su uso, ahora ya no está a la altura de muchos bolsillos. Eso sí, quién sabe si de aquí a unas décadas el New Beetle no será un auténtico clásico. Saludos.
Solo puedo decir que se debe tomar conciencia y el pueblo necesita mas escarabajos, deberia existir gente que participe para la reapertura de las fabricas de escarabajos…