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Fórmula 1
Carreras memorables de Fórmula 1

Formula 1: El día que Ayrton Senna dio una lección inolvidable bajo la lluvia.

En el autódromo de Donington, con su Mc Laren HB Ford, dio muestra de su clase.
Por Joan Longo, en 20 de Agosto de 2008

El comienzo de la temporada de 1993 había dejado una sorpresa: tras un aburridísimo y monótono campeonato de 1992, donde Nihel Mansell y su Williams F W 14 aplastaban a los demás y se coronaban campeones de todo con cinco fechas de anticipación, el inicio de este torneo mostraba, al disputarse dos carreras, una paridad impensada hasta entonces.

Ayrton Senna, penando con su Mc Laren HB Ford vencedor en Interlagos lideraba el torneo y Alain Prost, sentado ahora en el auto azul, amarillo y blanco, ganador en el debut en Sudáfrica, se sorprendía al ver que el brasileño tenía intenciones de impedir el mismo comienzo arrollador de la temporada anterior. Es más, el francés, tras vencer en Kyalami, sostenía que “desde 1987 no sentía tanto respaldo en mi equipo. Eso, en confianza, me dá 20 caballos más” Claro, a las palabras, finalmente se las lleva el viento.

La incursión de la máxima categoría al medieval escenario del autódromo de Donington, en Inglaterra nos permitía observar una de las clásicas controversias de la Fórmula Uno: en esa ocasión, se disputaba el Gran Premio de Europa, premio al mejor organizador. Y este circuito, sin antecedentes en autos (sí en las diferentes categorías de Motociclismo) venía a ser algo así como una vieja e inmensa chacra. Con una particularidad: El piso del circuito no permitían que los coches se afirmaran. Ocurre que la pista es vecina al aeropuerto de East Midland. Los aviones vaporizan el querosén que cae impalpable todo el año sobre el piso; cuando la superficie se moja, se transforma en una zona de patinaje. Y se sabe que ese fin de semana de marzo de 1993 lloviznó. De este modo, con la lluvia y el piso resbaladizo, la supremacía de los Williams se esfumaba.



Aquellos que estuvimos prendidos al televisor ese día, al transcurrir la primera vuelta de carrera, tuvimos de sensación de presenciar algo histórico. Fue la demostración más nítida que un piloto de Fórmula Uno haya dado acerca de cómo manejar, con un coche claramente inferior, en la lluvia. Y quienes no pudieron disfrutarla, los invito a buscar en Internet y contemplar como Ayrton Senna superó, con maestría y facilidad incomparable, a cinco autos en esa vuelta de inicio de la competencia.

La clasificación del sábado no arrojaba muchas esperanzas para el brasilero. La pista seca permitió que Prost y Damon Hill (en su primera temporada) sacasen una ventaja de más de 2 segundos sobre sus rivales. Senna, a casi 3 segundos era la imagen de la decepción. Pero el paulista ya sabía que ese año, poco podría hacer ante el dominio de los Williams. Por eso, el amanecer frío y lluvioso de ese domingo de antología fue todo un presagio.

La largada, con el brasilero en el cuarto lugar, fue tranquila, pero Senna había perdido una posición al llegar a la primera curva y se encontraba quinto. Increíblemente torpe y desmañado, Michael Schumacher había estado a punto de trastornar su arranque tirándolo afuera, lo que significaba perder la posición con Karl Wendlinger en los primeros metros. En la siguiente curva a la derecha Senna adelanta a Schumacher. Y repetía la maniobra exacta para postergar al Sauber de Wendlinger por el sector exterior de la S que le seguía. Como si su Mc Laren rodara sobre un piso completamente seco. El circuito (el mundo) no salía de su asombro. Llegando a la curva Old Hariping, el brasileño era tercero y desencadenaba una lucha sin cuartel con Hill, buscando el segundo lugar. Y finalmente, el sobrepaso sucedió un par de curvas más tarde. Eran dos carreras: en una estaba Senna, moviendo el coche como si lo manejara en otra dimensión; en la otra, el resto, que advertía que aquel misíl blanco y rojo era imparable.

Imaginar que habrá pensado Prost al observar la figura del Mc Laren de Senna en su espejo retrovisor acercándose a pasos agigantados, puede servir como guión para una película. Para el francés debe haber sido una ilusión. O un fantasma. Los dos coches llegaron juntos a la curva de Melbourne. Se pudo notar claramente que el coche de Senna frenó tarde, muy tarde, situándose en el lado interno de la pista con ventaja. Los coches corrieron unos metros a la par, pero prevalecía el talento de Senna para superar al Williams de Prost. El paulista tomaba el liderazgo de la competencia aplastando a los demás. Imponiendo un ritmo de carrera imposible de sostener para los otros pilotos vuelta a vuelta la distancia se extendía a 4 segundos, a 7, a 9…

Lo que siguió fue una excepcional demostración de cómo manejar bajo la lluvia, acumulando ventajas imposible de descontar. Incluso, su equipo se permitió el error de hacerlo entra a boxes equivocadamente. Aunque para ese entonces, la diferencia con el resto era indescontable. Esa victoria entró en la historia como la más espectacular del paulista. En el equipo Williams todo era desconcierto. Sus pilotos realizaron ¡13 paradas en los boxes! (Prost 7 y Hill 6). Y el resultado final, con el inglés a más de un segundo y el francés a una vuelta de Senna, provocó muecas de indignación y preocupación en Frank Williams y Patrick Head. En el marco de un contexto donde sus coches, a raíz de los cambios tecnológicos, era los más competitivos de ese momento y sin poder aprovechar las falencias que manifestaba la escudería Mc Laren, donde Ayrton Senna, en reclamo de mayor competitividad hacia Ford, presionaba haciendo un contrato por carrera dejando abierta la posibilidad de abandonar la escudería en cualquier momento (cobrando un millón de dólares por cada carrera).

La lección de Senna en Donington ocupa un lugar privilegiado en la historia de la Fórmula Uno. Enalteció la figura del brasilero llevándolo a ocupar el sitio de mejor piloto del mundo en aquel entonces (cuando hoy en día, son muchos lo que sostienen que fue el mejor de la historia). Esa año, el paulista demostró que, a pesar de contar con un auto en inferioridad de condiciones, su talento estaba intacto y la efectividad de Mc Laren estaba en manos de el. Lo que tendría que haber sido un “paseo” para Prost ese año (como lo había sido el anterior para Mansell) terminó siendo una tortura para el francés, llegando incluso a la mitad del campeonato por detrás del brasilero en la clasificación general y necesitando de la fortuna, una gran dosis de concentración y la merma en el rendimiento del Mc Laren (como también el relax que se tomó Senna a mitad de año sabiendo que en 1994 él iba a pilotar ese Williams) para coronarse campeón, lográndolo recién a fines de septiembre tras terminar segundo en la carrera de Portugal. Pero, la figura de ese día y de ese campeonato había sido Ayrton Senna.

Una síntesis de lo que fue esa competencia podría resumirse en esta escena: al finalizar la carrera, Prost se quejaba de todo. De su coche, del equipo, de los cambios, de los frenos…Senna le rozó suavemente las costillas y le dijo: “¿Querés cambiar el auto?”…

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